martes, 6 de diciembre de 2016

De mi historia con un sociópata


De mi historia con un sociópata… Lean, comprendan y aprendan, ¡por favor!

A pesar de dedicarme hace ya algunos años al marketing digital, no me había decidido a abrir un blog personal. Amo escribir y creo que ya era necesario. Pero además de esta razón, una experiencia en mi vida, tanto dolorosa como significativa por lo que conllevó para mí, provocó que abriera este espacio, que espero no solo servirá como un desahogo y una catarsis personal, sino para ayudar o abrir los ojos a gente que ha vivido o pueda llegar a vivir una situación como esta. Para algunos sonará a despecho, para otros a venganza, pero la realidad es que ni la una ni la otra. Sencillamente es un deseo profundo de que se conozcan ciertas verdades y por lo menos haya un 1% menos de posibilidades de caer en las redes de personas como la que les voy a describir: los terribles y temibles psicópatas/sociópatas.
Quiero aclarar que no solo voy a hablar desde mi experiencia personal, he leído ya bastante sobre el tema así que creo que tengo fundamentos psicológicos suficientes para poder darles un panorama más amplio de lo que estos inadaptados sociales pueden llegar a generar en la gente cercana. No pienso omitir nombres ni detalles, y no por faltar el respeto a la privacidad de nadie sino porque considero que este tipo de personas deben conocerse abiertamente, ya que es justamente su preocupación desmedida por la privacidad la que les ayuda a engañar a sus víctimas con mayor facilidad. No hay mucho de donde buscarles, aparentemente, pero una vez que se descubren sus verdades puede haber alguien, en este caso yo, que desenmascare lo que con tanta meticulosidad tratan de cuidar para no ser descubiertos. De verdad que a mi me habría encantado que alguien antes que yo escribiera todo esto y haberme ahorrado tan malas experiencias…o quien sabe, son tan hábiles este tipo de personas que igual así me hubiera envuelto. Pero bueno, quien quiera creer, creerá, quien lo conozca y sea un poco inteligente huirá y quien decida ser la próxima víctima sufrirá y aprenderá después de su error. A final de cuentas, nadie experimenta en cabeza ajena. Insisto en que este escrito no es porque este hombre valga el tiempo ni la dedicación, más de lo que ya se robó. Este tiempo invertido será tan solo con el fin de dar una clara advertencia para quien tenga cerca a esta persona o a alguien que padezca un trastorno igual. Porque créanme, chicos y chicas, una relación así no llegará a buen puerto, hagan lo que hagan.

CAP 1

Empezaré por lo más simple, su nombre: Eduardo Raymundo Montoya Garduño. Es Ingeniero en Sistemas o algo parecido (o probablemente ni siquiera lo sea en realidad, vayan ustedes a saber). Lo conocí en la secundaria, donde no tuve ningún tipo de contacto con él, salvo compartir el mismo salón de clases. Pasaron muchos años y me lo topé de nuevo, yo no me acordaba ni de su nombre, sin embargo me saludó con mucha familiaridad. No pasó más allá.
Fue hace casi 4 años ya cuando la vida me lo puso de nuevo en el camino, en un concierto. Fue ahí donde me pidió mi teléfono, con un encanto y naturalidad muy particular. La primera vez que me invitó a salir, lo olvidé. Y así debió haber terminado la historia, sin embargo, meses después tuve la idea de invitarlo a mi cumpleaños. Y ahí comenzó el caos. Debo decir sinceramente que no, no todo fue un calvario. Justamente ese es el poder que la gente como esta sabe ejercer muy bien sobre las personas. Saben perfectamente engancharte con momentos buenos y hermosas palabras, para después clavar el puñal en la espalda. Ahí radica su peligro.
Resumiré la historia lo más posible. Empezamos a salir y a tener una relación. El tiene un hijo de 14 años, nunca se casó pero mantiene una relación de amistad- co-dependencia con la mamá del niño (o adolescente). Esta relación me generó problemas durante un buen tiempo, pero supo cómo disfrazarla bien para que yo comenzara a habituarme a la idea de que era tan solo una muy buena amistad.
Empecé a tener la que creía yo, una relación sana y madura, conviví con su familia y sobre todo, formé una buena relación con su hijo. 






No fueron muchas las señales de su enfermedad (o mejor dicho, yo no las quería ver tan grandes como en realidad eran). Hoy día tengo 2 ejemplos muy claros de lo que debieron haber sido importantes alertas, pero en su momento no las tomé en cuenta. Un domingo estuvimos todo el día juntos, normal, como solíamos hacerlo, y en la noche me dijo que quería decirme algo. Resultaba que al día siguiente se iba de viaje a Europa, y no me había dicho absolutamente nada. Aparentemente cuando nos separamos (terminamos la relación aproximadamente 2 meses), había planeado ese viaje, y no me había querido contar para que no me molestara. Se iba solo, me dijo, sin embargo mi reacción no fue natural. Algo internamente me decía “por qué si se va solo no me lo contó antes, no habría tenido nada de malo”. Me vibró mal y en ese momento sospeché que se iría con la madre de su hijo. No me enorgullezco de esto que les voy a contar pero sí, de pronto comencé a desarrollar mis dotes de stalker. Tache, pero a la vez, si algo no te vibra, es porque generalmente tienes razón, hay algo que no huele bien. Finalmente lo descubrí y efectivamente, había ido con ella. Vaya Dios a saber por qué no decidí terminarlo en ese mismo momento. Quizás porque al regreso supo manipular como siempre las situaciones a su favor y hacerme sentir que era mi culpa no haberme dicho, por celarlo tanto. Y sí señores, características inequívocas de que están ante un sociópata: las mentiras y la manipulación, son su fuerte. Y de mentiras estuve llena desde antes de este acontecimiento, pero en fin, prosiguiendo con la historia, justamente el fin de semana después de haber regresado de ese viaje, fue cuando comenzó a involucrarme con su hijo. Qué mejor manera de despejar todas mis dudas y mis “celos” que conviviendo con quien solía decir era “lo más importante de su vida”. ¿Quién diablos en su sano juicio podría utilizar a su hijo para sus perversas intenciones? Yo creo que ninguna persona sana mentalmente podría concebir que alguien sea capaz de involucrar a su hijo en cosas que no sean serias o significativas, es por eso que a partir de este acontecimiento yo juré que estaba afianzando una buena relación, madura, bonita, real… Pero unos meses después me daría cuenta de la verdad.
Un día de tantos estaba en mi oficina cuando recibí un tuit de una chica llamada Annie. Ella me decía que estábamos compartiendo novio y me mandaba una foto suya, besándose con él. Evidentemente lo primero que hice fue marcarle al…mmmm, ¿cómo le pondremos de cariño? Bueno, ok, al sociópata. No dio grandes explicaciones por teléfono, sin embargo fue a buscarme horas más tarde a mi casa para contarme la historia de esta muchachita. Una historia muy conveniente que la dejaba a ella como una loca buscona y a él pues, ya sabrán, casi de “¿qué culpa puedo tener yo de ser tan sexy?”. Por supuesto dijo que eso había pasado antes de regresar conmigo y pues, le creí. Quiero decirles que estas personas son extremadamente hábiles mintiendo, no es una cuestión de que se limiten a negar los hechos…son grandes manipuladores, envuelven con su labia y cuando menos te das cuenta ya estás en sus garras de nuevo. “Mienten sobre sí mismos, sobre su entorno, su procedencia, sus sentimientos y sus capacidades”
No era difícil caer…además no tenía sentido alguno, él estaba conmigo prácticamente todos los fines de semana, entre semana también nos veíamos con frecuencia, yo convivía con su familia pero sobre todo, yo era la mujer que compartía los domingos con su hijo. Eso es sagrado ¿no? Sí, pero para alguien que NO tiene un trastorno de personalidad.
Yo continuaba con mi relación padrísima y feliz. Incluso era tan agradable tener a un hombre al que pudieras contarle las penurias de tus amigas al haberse topado a otros hombres (desgraciados, infieles, patanes) y pensar que tú tienes a una de las pocas excepciones del universo. Y él te hace creer que efectivamente, tú tienes a uno de los pocos chingones del universo. Eso también me impresionaba, debo decirlo. El cinismo con el que pueden escuchar otras historias e incluso opinar, como si ellos tuvieran la moralidad y la ética para hacerlo. Me decía cosas tales como “¿Ves como no es tan malo que yo me quede en la oficina hasta las 10 de la noche?” Sí, la verdad parecía que yo tenía que estar bastante agradecida por ello, cosas más graves pasaban en otras relaciones.





Hubo un día que también tuvo que haber sido decisivo para abrir bien los ojos en cuanto este tema. Sin embargo, fuera de la mala experiencia que representó, era sencillo buscar justificaciones. Debo decir que considero que si hubiera tenido a un verdadero profesional asesorándome en mi terapia psicológica, seguramente este tipo de cosas le hubieran alertado algo. Faltaba que yo las creyera, pero creo que pudo haber sido por lo menos, un gran aviso. No quiero renegar de mi terapeuta pero creo que le faltó bastante astucia. En fin, en lo que estaba…fue un viernes, sus papás vinieron de Tequis (donde radican) y fuimos a cenar con ellos. Para variar él se sentía mal del estómago (sí, ahora sé que tiene el estómago tan podrido como la conciencia). El tema es que no pidió nada de cenar. Recuerdo perfecto como yo, preocupada, me incliné hacia él y tan solo con gestos y la voz muy suave (justo para que no se enteraran sus papás), le hice señas de que debía ir al doctor. La cara con la que me vio y la forma en la que me habló, me asustaron. Me dijo “¡ahorita no!” pero la forma y el tono realmente me hicieron sentir muy mal. No quería hablarle, así que el resto del tiempo estuve solo dirigiéndome a sus padres. Cuando me llevó a mi casa, ya solos los 2, me empezó a gritar como un desquiciado mientras manejaba. ¿Cómo era posible que yo hubiera dicho lo que dije enfrente de sus papás???? Sabiendo cómo él es tan cuidadoso con su privacidad!!!! Y yo lo único que atinaba a decir era “¡Pero no me oyeron, ellos no se enteraron!”. No hubo manera de hacerlo entrar en razón. Ahora lo sé pero en ese momento no entendía: “Son incapaces de empatizar con los demás y no comprenden que las personas tienen sentimientos y que se ven afectadas por sus actos”.
Nunca entendí qué lo hizo enloquecer. Realmente no hice nada, jamás le dije algo delante de sus padres, no lo avergoncé por ninguna razón. Sin embargo él actuaba como si yo hubiera hecho algo muy grave y pasaron casi 5 días sin hablar, hasta que fui yo quien lo buscó. De verdad no entendía por qué había pasado eso y la realidad es que lo extrañaba, no podía comprender que una situación así terminara con la relación. Y por desgracia no permití que así fuera, pues al irlo a buscar, todo nuevamente se “arregló”.

Una noche en su casa me dijo que estaba pensando en una vida conmigo. Me habló de futuro juntos, algo de lo que regularmente nunca hablaba. Está por demás decir cuánto me entusiasmó la idea. Verdaderamente yo estaba muy enamorada. Lástima que 2 semanas más tarde, el sociópata fuera descubierto.









CAP 2

“A menudo los sociópatas se encuentran en el centro de triángulos amorosos, son incapaces de amar y aunque en ocasiones tienen a una persona o grupo pequeño de personas por las que parecen preocuparse, no suelen sentir realmente emociones. Asimismo son incapaces de tener relaciones románticas sanas”

Y pues, llegó el que fue el primer desenlace de mi historia. Un 17 de noviembre de 2015, jamás olvidaré la fecha. Era un jueves, teóricamente él iba a la escuela (aún no se titulaba y estaba terminando la carrera). Un día antes habíamos discutido por whatsapp, llevaba un par de días cancelando su visita por cuestiones de “trabajo”. No habíamos tenido contacto en todo el día, así que, como yo quería arreglar las cosas (no podía estar tranquila sabiendo que estábamos enojados), fui a buscarlo a su casa, a la hora que se supone salía de la escuela. Llegué al departamento 501, un rumbo que para mi ya era bastante "familiar y confiable”. Desde que me acerqué a tocar a la puerta escuché música adentro, por lo que supe enseguida que ya estaba ahí, sin embargo no abrió. De cualquier manera esperé y después de un rato volví a tocar. Seguía sin abrir. Comencé a sentirme nerviosa, la verdad es que creí que quizás estaría molesto (aunque no tendría razones como para estar tan molesto y no querer abrir) y me puse aún más ansiosa. En cualquier otro momento quizás habría optado por irme, pero, considerando que él tenía llaves de mi casa me pareció algo sumamente grosero que no quisiera dejarme pasar. Así que me aferré hasta que por fin, envuelto en su bata de terciopelo café, abrió la puerta con un gesto poco menos que amable preguntando ¡¿Qué te pasa?!. Entré pero me tomó por los brazos y empujando para que saliera me dijo “Vete, no te quiero ver”. Yo al no entender por qué podía estar tomando una actitud tan agresiva, insistí en entrar cuando de pronto me dijo “estoy con alguien más”. Y sí, amable lector, sé que usted pensará que en ese momento una persona racional se hubiera largado; la verdad es que caí en estado de shock, cargado de incredulidad y de ahí no supe más de mí. Traté de avalanzarme a la habitación, que estaba cerrada, me detuvo diciendo que iba a llamar a la policía. Yo entre llantos lo único que podía pronunciar es “no es cierto, no te creo, no puedes estarme haciendo algo así”. Lo único que dijo en ese momento fue: “cálmate y siéntate, le voy a pedir que se vaya para que podamos hablar”. Fue hasta ese momento que realmente me cayó el 20. Se acercó a la puerta de la recámara, la abrió y dijo “cuando estés lista”. En ese momento me derrumbé…es la parte de la historia que cada vez que contaba me desplomaba y caía de nuevo en un llanto amargo que no podía parar con nada. La mujer efectivamente salió. Apenas alcancé a verla, solo recuerdo que decía “Oh my God, oh my God”.
Lo siguiente ya no fue una plática…fueron una serie de comentarios hirientes, en lo que lo único que hizo fue culparme a mi por todo, decirme que lo tenía harto con mis celos y enojos, que yo era igual a su mamá (o sea, traumas de la infancia???). Negó el haberme dicho que me propuso una vida juntos…me culpó por cosas que no tenían sentido. A final de cuentas, me hizo sentir peor de lo que ya de por sí me sentía. Le pedí mis cosas, mismas que empacó con una rapidez sorprendente, como si tuviera perfecta noción de dónde estaba cada una. Pedí un taxi y salí de ese departamento con el corazón poco más que destrozado…


“Sociópata marginado: es el individuo que no ha desarrollado la capacidad de amar y de relacionarse con los demás. La imposibilidad de establecer un vínculo afectivo es una posibilidad de riesgo para la conducta antisocial, porque uno de los factores protectores que permiten evitar la delincuencia es nuestra tendencia a identificarnos con la víctima.

Tipo no empático: En este caso el individuo es capaz de implicarse emocionalmente con su familia y círculo más próximo, pero reacciona ante las demás personas como si solo fueran objetos”.

CAP 3

Pasaron 2 semanas de tan lamentable acontecimiento, en donde no puedes hacer otra cosa que preguntarte “¿en qué momento pasó esto? Decía que me amaba, parecía que me amaba ¿cómo es posible? ¿Fue realmente mi culpa?
A pesar de que todos mis seres queridos se encargaban de meterme en la cabeza que no, que definitivamente no era culpa mía, yo no lograba conseguir un momento de paz. No podía dormir, no quería comer, en el trabajo era una piltrafa. No había forma en que pudiera concentrarme.
Estaba revisando mi FB y por qué, no sé, en ese momento entré por no recuerdo que razón, a las solicitudes de mensajes de personas que no tienes agregadas en tu red. Y ahí viene la segunda parte de la historia. Encontré un mensaje de Annie, la misma chica que me había enviado el tuit meses antes diciendo que compartíamos novio. Un mensaje en el que se percibía realmente sorprendida y angustiada, diciendo que no entendía qué estaba pasando, que a pesar de que le costaba creer que él estuviera mintiendo pensaba que tal vez yo también era una víctima en todo lo ocurrido. Dos mensajes más abajo tenia inbox de un tal “Iván” que me envió fotos de el sociópata, les recuerdo su nombre, Eduardo Raymundo Montoya Garduño, con esta niña; fotos en su casa, mensajes de él que ella había subido a su FB, fotos que le enviaba desde Europa (curiosamente las mismas que me enviaba a mi solo que con diferente mensaje) y una de ellas, la que más me dolió, una foto de los 2 acompañados de su hijo… El descaro en estos personajes no tiene límites querido lector. Si esta bestia pudo involucrar al niño en su triángulo sentimental, ¿qué más no sería capaz de hacer?
Me puse en contacto con ella y me contó toda su historia. Efectivamente estuvo con las 2 al mismo tiempo, diciéndonos incluso frases iguales o parecidas “que gusto que seas a primer persona que está conmigo en mi nuevo depa” “compré esta almohada para ti”. Y lo más vil, señoras y señores: “no puedes dudar de mi, te estoy presentando a mi hijo, lo más valioso que tengo en la vida”. ¿Ya qué más les puedo decir?...
Un mes después Annie vino a mi casa. Estuvimos dos días sin parar, así es, sin dormir, ni comer, ni sentir que el tiempo pasara, hablando de todo lo que este sujeto nos había hecho creer, con la base principal de que “a mi hijo no se lo presentaría a cualquiera”. No me siento orgullosa de ello pero, hicimos un video en Periscope, evidenciando a este tipo; no fue mi idea debo decir, pero participé sin objeción. No que sirviera de mucho pero, por lo menos en ese momento que no había más que dolor, rabia y decepción, nos sirvió de catarsis.
Le escribí un mail al sociópata haciendo de su conocimiento que ya sabía toda esa historia. A pesar de lo que pensaba, se atrevió a responder que por favor dejara sus cosas con el vigilante… algo de ropa y otras tarugadas que había dejado.

CAP 4

Pasaron nueve meses…de duelo, de terapia, de dolor, de incredulidad. Y es que cuando una persona se puede considerar por lo menos medianamente sana mentalmente, es increíble aceptar que existan este tipo de personas alrededor.
Meses antes (en abril), envié un correo a este individuo, no para pedir que volviera, no, no rogando ni pidiendo explicaciones. Era una forma en la que yo buscaba cerrar ese ciclo que tanto me había dolido, que tanto me había marcado. Como no esperaba una respuesta, jamás estuve al pendiente de ella.
Fue en el mes de septiembre, un domingo que estaba con mi familia, que recibí un DM vía twitter. Y sí, era de este personaje. No lo leí hasta que mis padres se fueron. El mensaje decía “Sol, de verdad necesito hablar contigo, solo unos minutos de tu tiempo te pido, no más”. La pensé mucho para responder, debo decir que honestamente creí que algo muy grave había sucedido. Pensé que había pasado algo con su hijo, con alguno de sus padres, incluso pensé “me va a decir que tiene SIDA y que vaya a checarme”. Insistió en que lo que tenía que decir era mejor hacerlo en persona.


Al día siguiente tuve el impulso de entrar a mi gmail, el correo mediante el cual nos escribíamos. Como su cuenta estaba bloqueada y los correos llegaban a spam, entré ahí y vi que tenía un correo suyo, como de unas 3 semanas antes, 16 de agosto para ser exactos. En ese correo me decía que llevaba semanas soñando conmigo, que no dejaba de pensar en mí, que por favor solo unos minutos le diera para hablar “Con la verdad absoluta, con el corazón en la mano y con el alma humilde”. Incluso en una de sus fotos, en la que yo le había puesto un “Te amo” en su idioma favorito, el alemán, escribió “Todavía te amo”.
Y pues, la verdad, no vi forma de negarme, decidí aceptar verlo. Después de todo lo que acabo de contarles, muchos de ustedes pensarán ¡Que tonta! Y sí, las personas cercanas a mi también lo pensaron. Pero yo sentía muchas cosas aún, en el fondo creí que esa era mi oportunidad de sacar todo lo que no pude sacar en su momento. Pero grave error… No me hice un favor a mi. Volví a hacerle un favor a él, a él, al gran enfermo.
La cita fue como mágica, pues efectivamente escuché lo que quería escuchar. Arrepentimiento, un perdón que parecía sincero y sobre todo un “te amo chaparra” como me solía decir. Al día siguiente todos eran mensajes bonitos, todo era un “te quiero ver” “vamos a hacer que esto funcione” “te amo” "nunca voy a dejar de arrepentirme del daño que te hice" "yo ya no pienso mentirte", era como un sueño después de la amarga pesadilla. Empezamos a vernos de nuevo, es decir, regresamos. Yo tenía un viaje planeado a Chicago, fui al Riot Fest con uno de mis mejores amigos. Por esos días me anunció que el iba a Tucson, Arizona, a despedirse ¿de quién creen? Sí, de la chica con quien estaba el día que lo fui a ver a su departamento. Se llama Mariana y efectivamente, después, tuvo una “relación” con ella. Me da mucha pena, Mariana, si me estás leyendo, porque creo que después de lo que tú también viviste esa noche, tuvo que saberte envolver con bastante elocuencia como para que hubieras aceptado no solo volver a salir con él, sino creer que andabas con él. Una víctima más y contando.
Bueno, pues, el sociópata, recordemos de nuevo, Eduardo Raymundo Montoya Garduño para los cuates, tenía ya en sus planes romper la relación con Mariana, jurando que a quien amaba era a mi y esa relación había sido un error. “No hay nadie como tú Sol”, me decía.
Aquí entra otra de las víctimas, misma que en su momento no parecía tener ninguna importancia (así lo hizo parecer él Lourdes Mendoza, no fue cosa mía). Esta chica, por alguna razón, tenía, o tiene, la costumbre de seguirlo demasiado en twitter. En su momento, la respuesta que él me dio fue “pues tengo mis fans, igual que tú, pero ¿has visto que me escribe y ni la pelo?”. Y como sí era un tanto evidente que no la pelaba, por lo menos en twitter, no di mayor importancia al tema. Solía decir que los dos somos personas muy atractivas, y que siempre iba a haber gente interesada en nosotros.
El sociópata siguió haciendo su trabajo. Yo en Chicago, él en Tucson, me dijo “ya todo está hablado, aquí ya todo está claro. Eres tú mi amor y solo tú”. Vaya el universo a saber cuál fue su claridad, pero en teoría la relación con Arizona, terminó. Aunque, debo decirte, chica de Arizona, aún llegué a ver en el mueble de su cuarto la paleta en forma de cactus que le regalaste. Triste ¿verdad?
Regresé de mi viaje, fue por mi al aeropuerto. Yo seguía viviendo mi sueño.
A los pocos días me anunció que se iba a la playa. Nuevamente solo. Vinieron los recuerdos de su mentado viaje a Europa, sin embargo, ya había decidido perdonarlo y creerle ¿no? Pues ahora había que aguantar la decisión.
No pasó a mayores, esos días yo también decidí irme a Cancún, así que, cada quien su vida. Al regreso igual, nos vimos y todo bien, cada uno platicó de su viaje y ya, no pasó a más, tan enamorados como siempre.
Mitomanía o no, sepa Dios, supuestamente le ofrecieron trabajo en Boston. Yo estaba dispuesta a vivir la relación a distancia (¿así o más estúpidamente enamorada?). Pero no solo eso, se encargó de hacerme creer que eventualmente, ya fuera en México, o allá, viviríamos juntos. "Quiero que seas parte de esto Sol". Y pues yo pensaba, le perdoné una infidelidad, bueno, en realidad dos, ¿por qué no habría de sobrevivir a una relación a distancia y después arreglar todo para alcanzarlo?
El 24 de octubre, para ser más que exactos, se fue a EU, por trabajo. Bueno, eso es lo que suele decir. Se fue casi mes y medio, NY, Phoenix, Atlanta, Miami, Los Angeles... Mantuvimos comunicación todos los días hasta que se me ocurrió escribir un tuit, algo molesta y mal vibrada por esa fan, que no era nadie (y que estoy segura que sigue sin serlo a pesar de todo). La niña era muy insistente en su "fanatismo" y también descubrí que tuiteaba cosas que aunque no me consta, parecía dedicarle a él. Poemitas bobos, frases hechas y cursis, etc.
Mi tuit decía lo siguiente: #Nuncaledigasaunamujer mi alma porque terminará siendo fanática y poniendo likes a todos tus tuits. Verdad Lulú??
Una pendejada por el estilo, la realidad es que terminé borrándolo porque no me hacía sentido que yo tuviera que caer en ese tipo de tarugadas. Pero ¡oh sorpresa! Ya era demasiado tarde. Parece que no soy la única que desarrolló sus dotes de stalkeo en esta historia. Después de no dirigirme la palabra durante casi 5 días y no responder mis mensajes, se dignó a decirme el porqué de su enojo. Me envió el screenshot de mi tuit diciendo entre otras cosas “¿por qué insistes en alejarme con tus celos y tus inseguridades? ¿Por qué te comportas como si siguiéramos en secundaria? Este tipo de cosas no van conmigo y definitivamente no las quiero en mi vida”. Desde luego que primero me sorprendió la reacción, a mi juicio era muy exagerada. Sobre todo considerando que nadie estaba etiquetado en la publicación, es decir, el que la hayan visto es porque estuvieron buscando, no hay más. Pero la verdad, no quería problemas con él, de ningún tipo. Solo quería disfrutar su regreso, seguir en el sueño y no despertar. Insistí en hablar, él posponía la llamada, hasta que finalmente se dio. Fue una llamada extraña, a decir verdad. Lo más raro de todo, a mi parecer, es que me dijo que quien había visto el tuit fue ella y le llamó para reclamarle. Miles de preguntas vinieron a mi mente en ese momento pero no hice ninguna “¿Ella por qué ve mi Twitter? ¿Qué sabe de mi como para estar buscando mis publicaciones y relacionar el tuit que escribí con ella? Si me stalkea, ¿no será por qué tiene algún interés en ti que no es de amistad? Pero sobre todo, la que más me retumbaba en la cabeza era “¿y cómo por qué te reclamó?? ¿Por estar husmeando donde no debe??”
En fin, en ese momento, yo tan tontamente enamorada y angustiada lo único que quería era arreglar las cosas. Me limité a disculparme y ya, finalmente no estuvo bien haberlo hecho, lo demás salía sobrando, ya habría oportunidad, de frente, a su regreso, para hablar sobre ese tema. Curioso que esta mujer, pasó de ser la fan a la que él mismo admitía no pelar, a ser una muy  amiga suya desde hace 10 años. Una amistad con ella y su familia que estuve a punto de romper con mi tonto tuit…
Me pregunto cuántas mujeres más, aparte de mi, recibíamos sus fotos desde su dichoso viaje de trabajo...¿reconocen alguna?









CAP 5

Las cosas continuaron normalmente, volvimos a mensajearnos y estar diario en contacto, como si nada hubiera pasado. Yo seguía contando los días para que regresara, finalmente, según dijo, tuvo que quedarse una semana más. Esta parte ya la verdad la estoy dudando bastante. ¡Pero tan tonta! Con semejante individuo qué es lo que podría no dudarse.
El tan ansiado día estaba a punto de llegar. El miércoles salía de regreso a México en la madrugada, fue lo que me dijo. “Llego el miércoles en la madrugada, nos vemos el jueves va?” Y entonces yo, que había preparado muchas cosas para su regreso, sentí una alegría desbordante. El jueves el día pasó muy rápido. Afortunadamente tengo un trabajo padrísimo (a veces tengo que pellizcarme para creerme que estoy ahí) y pues estuvo muy tranquila toda la espera. Me salí más temprano para prepararme, estuve pidiendo a mis amigos algunas recetas pues quería sorprenderlo con algo rico de cenar preparado con mis propias manos. Compré vino, carnes frías, y otras varias cosas que sabía que le gustaban. Preparé un setlist especial, la música es una de las pocas cosas que tenemos en común el sociópata y yo. Arreglada, emocionada, ilusionada y enamorada, esperé hasta que por fin llegó su mensaje: “Llegué. Puedes bajar xfa?” Juré que había tenido algún problema para meter el auto al estacionamiento. Pero no. Estaba abajo, esperándome con esa mirada de rabia con la que me miró aquel 17 de noviembre. Traía un par de hojas de papel en la mano. “¿Me puedes decir de qué va esto?” Yo no tenía ni idea de que estaba hablando, solo sentí que mi corazón empezó a latir cada vez más fuerte y mi cuerpo temblaba como si estuviera a cero grados y sin suéter. Se dirigió a su coche, en realidad no venía a averiguar la verdad, ni a hablar, venía listo para atacar y dar el tiro de gracia. Era una hoja que decía “Lourdes Mendoza, el Ingeniero es mío”. Me habría reído en ese momento como me río ahorita, si no hubiera sentido que su reacción me mataba. Mi desesperación hizo que entrara en shock y me negara a dejarlo ir. Agarré la puerta del coche para que no se fuera, lo único que recuerdo es que temblaba y temblaba… “Yo no fui Eduardo, déjame hablar por favor, te preparé una cena, no me hagas esto…” No me dio oportunidad de nada, me culpó de todo, prácticamente no me dejaba hablar. Incluso se atrevió a decirme que si no había sido yo, lo había provocado por ventilar nuestra vida en redes sociales (si algún día quieren echar un vistazo a mis redes sociales me dicen por favor lo que opinan sobre mi vida tan “ventilada”). Me dijo “Necesitas ayuda Marisol”. Arrancó y se largó. Me dijo que buscara ayuda de verdad y que no me volviera a acercar a él; entre lo poco que alcancé a escribir le dije que la ayuda la necesita él para dejar de hacer tanto daño, que no se acercara él a mi y que se quedara con alguien tanto o más dañado que él “Es lo que te mereces", le escribí. Me bloqueó de whatsapp y de twitter, como si en verdad fuera una criminal. Y ahí me quedé, con mis grandes planes, mi cena, mis ilusiones y demás, hecha mierda sin poder entender qué había pasado.

“En ese momento, el psicópata muestra su verdadera y fea cara aunque sea solo por unos instantes antes de volver a intentar mantener el control. Esto sucede cuando las cosas no le han salido como planeaba o bien cuando alguien le ha dejado en ridículo o en cierto modo ha amenazado gravemente su imagen”


Así concluye esta historia, pero, quiero dejar claro que esta para mi, es la última vez que le dedico tiempo y la más mínima importancia a este sujeto. No voy a invertir un día más de mi vida en pensar qué fue lo que pasó o en tratar de entender una enfermedad que hasta ahora, no tiene cura, salvo que el enfermo este consciente de su situación y quiera controlarla. Pero como estoy segura de que esta historia llegará a mucha gente (¡espero!), incluyendo la involucrada en la misma, quiero dejar un par de mensajes importantes:
1.- Lourdes Mendoza: No tengo idea de si existes, para mi eres tan solo una foto borrosa acompañada de 13 seguidores en twitter, y una supuesta amiga desde hace 10 años de la que nunca escuché una sola palabra. Ni un solo comentario, una anécdota…absolutamente nada. Después de ser un fantasma pasaste a ser una simple fan y ahora, fuiste la protagonista una telenovela basura. Si tú tendiste la trampa haciendo tal idiotez de niña de menos de 14 años, auto enviándote un anónimo, déjame decirte, además de que evidentemente algo está muy mal contigo (pero eso ya tú misma lo descubrirás), que te doy las gracias. Sacaste de mi vida a un enfermo al que yo misma me estaba condenando a amar para toda mi vida. Si no fuera por ti y tu enorme estupidez, seguiría atada a alguien que es incapaz de ser feliz y por tanto de hacer felices a quienes lo rodean. Esto si te lo escribo yo y no de manera anónima: ¡Te lo regalo!

2.- Eduardo Montoya, si fuiste tú…simplemente tu enfermedad no tiene límites. Solía admirarte principalmente, por ser tan inteligente…Sin embargo, con esto no puedo más que darte las gracias también. Salirte de mi casa y de mi vida luciendo como un payaso, loco, patético, ridículo, patán y además estúpido, no tiene precio. Me facilitaste el último tramo del duelo de una manera indescriptible. Gracias por irte de mi lado inspirando lástima, porque de verdad yo sola me estaba condenando a cadena perpetua a estar a lado de alguien con quien nunca iba a llegar a nada; pero, no solo yo no iba a llegar a nada… ¡nadie lo hará nunca! Una lista de decepciones, maltratos, abandonos y pésimas acciones y decisiones es lo que te va a acompañar el resto de tus días. Y pretendiendo que esto se haga viral, espero que tu lista termine aquí. Que ya nadie se te quiera acercar. Bueno, vamos…no puedo ser tan optimista, nadie experimenta en cabeza ajena y seguro seguirás reconociendo entre la multitud a alguna que otra incauta. Solo espero que cada vez más rápido se caiga tu teatro. Ya tienes a mucha gente en contra y poco a poco se te irá acumulando. Sé que fui demasiado más importante de lo que quisiste, ¿sabes por qué? Porque en mi, por no sé qué razón, proyectaste toda tu basura mental y emocional, tus carencias, ese gran vacío que eres tan solo Tú. Si este arranque de idiotez fue porque no supiste sostener todas las cosas que decías querer y sentir y buscabas huir, dejas claro lo poco hombre que siempre has sido, quedando para siempre muy mal parado. Es de dar pena la forma en la que hiciste las cosas conmigo. Ya ni odio ni mucho menos amor puedo sentir por ti. Solo quiero que la gente conozca lo que muy bien has ocultado tras tu marcada obsesión por tu “privacidad”. Ahora sí estoy ventilando mi historia contigo. Ahora sí quéjate por algo, con razones.

“Estos personajes utilizarán el mecanismo psicológico de la proyección. Mediante este mecanismo proyectan todo lo malo que han hecho ellos hacia la víctima, es decir, acusan a estas últimas de ser maltratadores, mentirosos, malos colegas, infieles, insensibles e incluso de acosarles o de atemorizarles…también es típico que le digan a su víctima que está loca o que es una mala persona”

Con todo esto finalizo, pues tengo una vida bastante provechosa que sacar adelante, libre de este lastre que no hizo más que traer preocupación, sorpresas lamentables y amarguras. Quise aprovechar que todas estas palabras vinieron a mi, que todo esto fluyó, así que no quería desperdiciar esta agria inspiración. Poder compartir esto es realmente liberador. Quiero comentarles también que me siento extrañamente bien y tranquila. Creo que el dolor esta última vez fue por mi, por lo que yo entregué, por lo que yo esperaba, por las ilusiones que este monstruo despertó en mi otra vez (porque yo jamás lo habría vuelto a buscar) y por la manera en que este depredador social fue capaz de humillarme, por última vez, abusando de ese amor. Sin embargo, en este momento es como si me hubieran quitado un peso inmenso de encima, una carga que para ser muy honesta con uds, y conmigo misma, yo ya no quería, pero no sabía como quitarme.

Gracias por leerme, síganme acompañando en esta aventura llamada vida, y si conocen a alguien con características parecidas a las de esta persona ¡huyan los más lejos que puedan, se los digo de corazón! Y que vengan, los comentarios chidos, o los ácidos de la gente que lo conoce y aún quiere confiar en él, o bien de aquellos que se identifican con este padecimiento y buscan justificarlo. Los solidarios, los mal vibrados...no me importa, este es mi tema y lo quería compartir. Si alguien quiere las referencias que cité, con gusto se las paso, escríbanme a supersunika9@gmail.com

“El pscicópata llora realmente cuando su objetivo no ha sido conseguido”



El fin de un sociópata

La muerte del sociópata: Cerrando el ciclo Este espacio fue abierto con la finalidad de contar mi historia a lado de un sociópata na...